Mujeres consideradas de las bellas de Africa ya que con el correr del tiempo siguen manteniendo una piel suave y sedosa, usan un produco cosmético especial a base de grasa de animales muertos, el cual frotan por todo el cuerpo creando un color marrón característico, había escrito un viajero en su blog.
Joder, mujeres marrones.
Era viernes y bajé a desayunar a la bodega Tao. Habían colgado un cartel con la anunciada subida de precios para el mes de Febrero. "Mes a mes", dijo la china. Luego, me fijé en un cartel escrito a rotulador. "Prohibido salir a fumar a la ventana". Lo más relevante era la subida de diez céntimos en el botellín de la mau. Hablé con la china de historias del barrio. Ella me dijo que solo habia visto nevar una vez aqui, en diez años. Le comenté algo sobre la posibilidad de irme a Namibia una temporada. Se quedó mirando sin decir nada. En la esquina, un viejo anarquista de libro, se habia bajado los diarios de Trotski al kindle, apuraba una copa de anís.
-La globalización, dijo.
- Sí, las dudas.
-Hay que moverse, dijo.
- Claro.
Luego le dije a la china que salía al frío con el café. Y que hoy nevaba, casi seguro. Ella dijo que no iba a nevar, por estadística. Sabía que tenía que quedarme aquí, sin salir del barrio. El portero me confirmó la aparición de cucarachas en un piso de la planta octava. Alguien debería avisar al presidente de la comunidad. Yo sabía lo que tenía que hacer, tumbarme a leer en silencio hasta las tres o las cuatro de la mañana, y luego ir metiéndolas en un frasco de cristal. Y buscar detrás de la nevera, cerca del motor. Donde les da calorcito.

