viernes 3 de febrero de 2012

Save mujeres Namibia

Soñando que estaba en medio de un concierto, me desperté medio mareado, algo del nervio vago me tumbaba. Una noche agitada, hasta las 5 am leyendo, podía estar leyendo guias de viaje de paises nórdicos hasta el amanecer. Una ligera indisposición gástrica le llevó a internarse en la cocina con la linterna de espeleólogo, comprada en el Coronel Tapioca. "Buscan el calorcito del motor de la nevera...", había dicho el portero del inmueble la tarde anterior, confirmando la plaga de cucaracha rubia americana -"muy deslizantes, escaladoras si quieres"- y habia vuelto a insistir en la búsqueda del calor, dándo a entender que las antenas de los insectos se guiaban por algún tipo de inteligencia o lógica. Ahora estaban alli, moviéndose por las baldosas, en familia, jugando al tres en raya. Recuperé una vieja ilusión de investigador y empecé a meterlas en un bote de cristal. "Ah, no me voy a poder ir de aqui...". Habia recibido una oferta de trabajo en Namibia. Una llamada de una agencia de colocación. "Necesito saber si usted está dispuesto a desplazarse". Al mismo tiempo que buscaba en google "mujeres namibia", le respondí a esa chica - Tamara, creo- afirmativamente.
Mujeres consideradas de las bellas de Africa ya que con el correr del tiempo siguen manteniendo una piel suave y sedosa, usan un produco cosmético especial a base de grasa de animales muertos, el cual frotan por todo el cuerpo creando un color marrón característico, había escrito un viajero en su blog.

Joder, mujeres marrones.
Era viernes y bajé a desayunar a la bodega Tao. Habían colgado un cartel con la anunciada subida de precios para el mes de Febrero. "Mes a mes", dijo la china. Luego, me fijé en un cartel escrito a rotulador. "Prohibido salir a fumar a la ventana". Lo más relevante era la subida de diez céntimos en el botellín de la mau. Hablé con la china de historias del barrio. Ella me dijo que solo habia visto nevar una vez aqui, en diez años. Le comenté algo sobre la posibilidad de irme a Namibia una temporada. Se quedó mirando sin decir nada. En la esquina, un viejo anarquista de libro, se habia bajado los diarios de Trotski al kindle, apuraba una copa de anís.
-La globalización, dijo.
- Sí, las dudas.
-Hay que moverse, dijo.
- Claro.

Luego le dije a la china que salía al frío con el café. Y que hoy nevaba, casi seguro. Ella dijo que no iba a nevar, por estadística. Sabía que tenía que quedarme aquí, sin salir del barrio. El portero me confirmó la aparición de cucarachas en un piso de la planta octava. Alguien debería avisar al presidente de la comunidad. Yo sabía lo que tenía que hacer, tumbarme a leer en silencio hasta las tres o las cuatro de la mañana, y luego ir metiéndolas en un frasco de cristal. Y buscar detrás de la nevera, cerca del motor. Donde les da calorcito.

sábado 9 de julio de 2011

Los nada-hacer

Conocí a uno de sus integrantes hace años, en uno de esos viajes a Morocco. En un camino perdido, en las montañas bereberes, me introdujo en el círculo del nada-hacer, un grupúsculo autogestionado, con base en BCN capital. Desconfiaban de cualquier tipo de acción (cualquier acción entraria dentro del círculo de la positividad y los nada-hacer pasaban de creerse las virtudes de la Historia, con hache mayúscula). El tipo me regaló una pegatina con un dibujo: incluía todo el círculo de actividades básicas del nada-hacer, o mejor dicho, no-actividades. Como todo grupo de carácter místico y contemplativo, aspiraba a absorber el mayor número de militantes en silenciosa procesión. Fue antes del furor de los pc´s, los macs, internéts, los geek, frikigeeks, electro-mutantes, ciber-paranoides, ruidistas-silencistas, y demás pelaje gatuno y perruno, más o menos conectado 24/7 < a la mínima barra de wifi energético en su área próxima de sudoración. Seguidor como era de la comuna fundada por el cuñado de Marx, El derecho a la pereza, creía desde hace tiempo en el vertedero de la pasividad, fuerza motriz de todos aquéllos campos de negatividad y de exaltación de la ataraxia, la vida contemplativa y la campiña. Jodida cuestión de adivinar, pues Kant, como no, habia dejado sobre la mesa una carta de no inmediata solución: la insociable sociabilidad de la especie (humanoide). O será insaciable saciabilidad...? Ay, Kant, tan prusiano. También habia frikis en la Edad Media, en abundancia, sólo que la peste negra los dejaba prontamente en su sitio, desvirtuando una sociedad del malestar, ajena a las virtudes de las pantallas de plasma y la cartilla de racionamiento del subsidio de des-empleo. Dinero, dinerito. Sonidos metálicos alegran el corazón. Con ese propósito desmesurado, pertenecer a la primera asamblea constituyente de los nada-hacer, alquilé a una pacifista mi habitación en Lavapiés, encima del Carrefú, y me subí al alsa, rumbo a bcn. Tenía en lavapiés una especie de novia, la palabra le queda grande, una zombi del audiovisual para la que escribia trabajos, guiones, que luego ella vendia en el mercado secundario, en la Ciudad de la Imagen. En aquellos años, se rodaba casi cualquier cosa, habia más cámaras que sinopsis, y se pensaba que los directores follaban más, no sé por qué. A mi la zombi me tenía atemorizado a saco. Si le gustaba alguna de mis historias, me gratificaba de manera bastante salvaje. "Venga, túmbate. Y no hables", decía, tirando los folios a la vieja madera del suelo.

sábado 12 de marzo de 2011

El hombre nuevo

Es una ironía. Cosas que he estado buscando en la red. Riverside Drive, 340, NY. Vaya, muchas cosas empiezan con una dirección, el nombre de una calle y un número. Peritonitis. Wikipedia. Berlin jobs. Todo el mundo está buscando esa clase de cosas aqui, me escribe una berlinesa. Si no abunda, se busca más. Ironía. El martes noche, Doctor Zhivago. La nieve en paisajes soviético-sorianos. Inspección a las nuevas instalaciones del D.I.A., convertido en Nuevo DIA o SUPER DIA. Vale. Intenciones que se retrasan de empezar con la Couldina. Sueños. Uno con un partido de futbol, otro con una historia sobre el vértigo, y finalmente un baile con una chica de los tiempos pasados. Una palabra puede resultar pretenciosa, hay que cortarle las ganas de decir algo. La claridad de la noche. Lo que tengo es más fuerte que su medicamento. No noto efectos secundarios. Lo importante es seguir teniendo sueños dormido. Construiremos el nuevo hombre nuevo, a la medida de las viejas ilusiones. Final de la canción.

miércoles 9 de marzo de 2011

Deberes para hoy

En inglis, homework. El trabajito que se liquida en casa. Me tengo que ocupar seriamente de ese aparatito de la esquina. Lo que el populacho grita es sangre. Si está fresca, mejor. Las love-story film están de capa caida. Lo importante es hacer ruido. Me quedo con el Canal8: el domingo pasado, La orgía, de Francesc Bellmunt. Piliculón. Qué ingenuos eran los jipis. Miedo de haber sido adolescente en la burguesia de los 70. Una cosa es el miedo, otra el pánico. Terror, al comprobar la noche del viernes pasado que, la misma esquina del mismo parque que utilizaron los porretas ochenteros del barrio para inaugurar la escena psicodélica local (litros, voladores y anfetas de colores, elemental), es ocupada hoy por bacaloraptors decibélicos inyectados el rojo de los ojos de twenti y mp3. Repetición de la historia en mayúsculas. Recuerdo perfectamente a aquéllos: escuchaban sin parar The Police. Ahora Sting dice que Roxanne era una especie de tango, o eso quiso él. Me quedo con Intereconomia, la verdad nos hará libres. Este país está abonado al Palmar de Troya. No nos va la fe verdadera. Los Chunguitos eran marxistas de gasolinera. El Real Madrid son cuatro puestos de pipas en el lateral de la Castellana. Sopla el viento, que viaja más rápido que cualquier coche. El ser de la ciudad se concentra en las calles torcidas de los Austrias. Muchas pisadas retumban pasada la medianoche en los túneles subterráneos. Siempre queremos más. Pero ha sido un gran día, he comprado Rockdeluxe en un kiosko de Plaza Castilla y por un momento he pensado que podia ser otro. Distinto. Parece ser que algún listo dijo, "escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura". Prefiero la variación sobre Cohen, semos feos, pero tenemos Intereconomia. Cualquier cosa, antes que un zombi audiovisual de la Latina. Sueño con helicópteros de napalm.

jueves 3 de marzo de 2011

The doors


Las puertas, qué coñazo. Antes me gustaba el pasillo del metro plaza Castilla, con su bareto latino mix volúmen a tope. ¿Cuantas puertas -ascensores, portales, ...- abro y cierro a lo largo de la jornada? Sin embargo, parece que forman parte del mismo lugar, un trayecto, una gimkana. Ya no estoy aqui. El experimento consiste en encapsularse en el cuerpo propio -extraño fenómeno- e ir desprendiéndose del yo, como espacio comprendido entre la "y" griega y la "o". La "o" circular es la que entraña mayor riesgo, es como una panza cerrada o bien la línea gris del metro. También representa Itaca, o la imaginación de un principio y, sobre todo, un final. Esas puertas que resguardan, retrasan, impiden, desafian, exigen un esfuerzo físico y un atrevimiento, son parte de la geografia mental de la ciudad. Palabras, palabras, palabras, según Shakespeare. O bien silencios encapsulados en ambientes decimonónicos que, hoy, suenan a chill-out. Es la fiesta de las máscaras. Asi estaba y-o malpasando la tarde, cuando reseñé en la pupila un reflejo del pie izquierdo de Scarlett Johanson, sobre la pierna de Sean Penn. Y ya no pude seguir escribiendo. Sólo queria saber si era cierta esa imagen, si era un deseo oculto o un gesto de amistad. Y tuve que ir a las fuentes originales, la revista americana "TMZ". Eso fue el comienzo de la investigación. Eso y la desaparición de un estudiante norteamericano de metro noventa la madrugada del pasado viernes.Cursiva

domingo 9 de enero de 2011

hipersomnia

AQUI, en la _Unidad de Sueños Vigilados, pasamos la tarde traficando con recuerdos falsos. Ninguno tenemos, básicamente, una vida propia. Sé que Luis, mi mejor escuchador, es un collage de invenciones sacadas de perfiles del facebook. Pero tiene la virtud de apropiarse de frases ajenas con total naturalidad. He estado leyendo en el jardin, a escondidas, fragmentos de Burroughs. Luego, le he dicho a Luis, en la cola del comedor: "El exter-minador hizo bien su trabajo". Como no ha reaccionado, le he dicho más: "Mi cometido actual, encontrar a los que aún viven y exterminarlos". Para calmarle, le he dicho que era de Burroughs, aunque hubiera querido fuese mio. Luego, he pensado, en silencio: nos tratan como cobayas. Con la sopa de fideos, nos obligan a tomar una pastilla de DORMIDINA. En mi caso, casi no me hace efecto. Le he dicho a la Chayo que tengo alergia medicamentosa. No me ha dicho nada. Porque no duermo en toda la noche, estoy aqui. Porque luego, cuando me quedo dormido, durante el día, no hay quien me despierte, me trajeron aqui. Soy el Exterminador. Mi objetivo es encontrar mis propios recuerdos -falsos-, soñar y recordar, y luego, despertarme para volver a dormir. Insomnia e hipersomnia.
-Tranquilo, chaval -me dice el Dr Soares, un portugués de Oporto con una voz sedante. Tu déjate llevar. Aqui, el trabajo, lo hacemos nosotros.

lunes 1 de noviembre de 2010

Mi plan no era hacer cola (en el Charada), y menos a esas horas esqueléticas

Y menos subiendo la cuesta de Santo Domingo.
_Eh, ¿por qué tienes que caminar delante...?
Tiene razón la ceutí, estudiante de interiorismo. ¿Por qué lideras el grupo?
A estas alturas, hemos perdido muchos efectivos en Arenal. Un tipo con la cara tapada de esqueleto miró unos datos en el GPS de su móvil y comunicó su intención de reunirse con otros esqueletos, por Sol. La chica de interiorismo estaba empeñada en ir a Charada.
-Tu sabes ir...
-No, pero sí sé donde está la calle Bola... creo que hay un sitio de cocido madrileño..
La amiga colombiana de la pequeña Scarlett Johansonn, en moreno, quería tirar pa casa. "Mañana me voy a Toledo, a pasar el día con una gente"..

Una hora antes, en la salida del Tomás.

-¿Qué?
-Qué.
-Que si me das un cigarro, o si quieres uno. O me das fuego.
-Claro.
-¿De dónde eres?
-Del norte.
-Ah, claro. Y yo del sur. Africana.
-Qué bien.
-En serio, ¿eres del norte?
-Sí.
-De dónde, de Gijón...
-Más al norte..
_Yo conozco a un chico de Gijón...
-Ya.
-Estuve una vez allí.
-Es muy bonito.
-Dos besos, nos vamos.
-¿A donde?
-Todavia no lo sé. Búscame en el facebook. Ana Llama.
-Paso de facebook. Dáme tu teléfono.
-Vale.
-¿Te llamo?
-Sí.
-¿Cuando?
-En una hora o así. A ver dónde estoy. Llámame.

Diez minutos antes, en la isleta camino del Tomás

Me dejo integrar en la escena, zas, dilúyete en el ambiente. Estoy haciendo un gran esfuerzo por parecer natural. El escenario empieza a parecer la reconstrucción de la escena de un crimen. Casi todas las series, películas, novelas, se construyen por capas, alrededor de un nido de secretos, algo que pasó en el pasado o algo que alguien hizo y le produce remordimientos y todas esas cosas. La realidad en directo es esto, la tarjetera empeñada en entregarnos unos volantes para una sesión techno en la zona de Chamartin, su teléfono móvil anotado con rotulador azul, Es el mío, de verdad, Créeme, y ya no más dejas de fluir y rompes la armonía del dejarse ser
-¿De dónde eres?
-Un lío, mi padre italiano y mi mamá de Miami. De pequeñita viví en New York, pero casi no me acuerdo.
-En qué parte.
-En Queens.
-Guay, la parte hispana.
-Sí, muy lindo. Pero casi no recuerdo.
Joder, se le ha borrado la memoria sentimental de la infancia. Tiene que ser jodido. Es lo que tiene la realidad en directo, la memoria sirve más bien de casi nada. Es como el pitido electrónico en intervalos contados que pone a la gente a bailar. "Si la gente baila, se supone que la fiesta es divertida y todo va bien, y nadie se tiene que poner a recordad cosas chungas".

Ya tendrias preparada para el día siguiente una retrospección de lo que habia ocurrido, básicamente el salir por el Centro se parece mucho a salir por el Centro y tienes que esforzarte con la imaginación en que pasen más cosas de las que realmente ocurrieron. "Es un trabajo como otro cualquiera". Veamos. Entramos en el Bao-BAo. Dani y Luisillo ya habian estado alli. Vas al w-c. Te sientes creativo, quieres dejar una frase del Hamlet en rotulador. Es una noche propia, en la que los santos se convierten en calaveras y todos al dormir al cielo. Sales del w-c después de esperar un buen rato. El local está hasta las patas. Crees verlos en una esquina. Te metes entre cuerpos que fuman y menean el teléfono móvil con flash, te ayudas de brazos y codos. Cuando llegas a la otra esquina del local, te das cuenta de que no son ellos. Lo más preocupante, piensas, podrian haber sido ellos. Por qué no. Ahora te toca meterte de vuelta entre los cuerpos que tapan cuerpos y salidas. No serán exactamente los mismos, porque podrian ser otros. Es entonces, una vez más, cuando piensas en que quizás estas muerto y es tu pensamiento el que indaga y se pregunta. O bien, la vieja idea de la infancia: todos esos gesticulantes, esas bocas, esas manos con cigarros, esas desmesuradas carcajadas hambrientas y elocuentes. Son ellos los que estarían muertos, en algún momento de su vida. Si es que no lo estaban ya. Y entonces la cosa tenia su sentido: era una celebración colectiva, se festejaba el final de esto.